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CULTURA |
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Con José Vicente MonzoEl Che fotógrafoMaría Esther Gilio -¿Cómo nació esta idea de exponer las fotos que tomó el Che en sus viajes? -Cuando de muy joven leí el Diario del Che en Bolivia. Yo ya quería ser fotógrafo y me llamó la atención ver que él en algunos pasajes mezclaba sus inquietudes políticas y problemas de la guerrilla en Bolivia con reflexiones sobre fotografía. Por ejemplo, dice en su diario: "Hoy he tenido un buen contacto con indígenas. Nos han vendido alimentos e hice unas buenas e interesantes fotos. Pero debo resolver tres problemas. Cómo revelarlas, cómo ampliarlas y cómo entregarlas". -Este amor por la fotografía es una faceta del Che muy poco conocida. Según el Diario él había tomado fotos, pero ¿dónde estaban? -Sólo veinte años después fue que me puse en camino de buscarlas. Pero no fue sólo en el pasaje que le mencioné que él habla de sus fotos. Hay otra alusión en que él habla de un día negro. Cuando los bolivianos capturan a Regis Débray y a un cubano que estaba con él, éstos terminan señalando un lugar en una cueva donde había tales o cuales cosas. Los bolivianos ubican la cueva y encuentran remedios para el asma, el aparato que usaba el Che y una cantidad de carretes sin revelar. Revelados, aparece el Che en algunas fotos. Así los bolivianos se enteran de que estaba en Bolivia. -Era claramente un día negro. -Claro. Esas fotos fueron luego publicadas en Life. Hay algo terrible en todo esto. La fotografía, que fue una de sus pasiones, fue también la causa de que lo capturaran. Cuando lo atrapan, en su mochila encuentran sus diarios y 12 rollos sin revelar con fotos del mismo día de su muerte. -Esas fotos no están en esta exposición. ¿Las tienen los bolivianos? -Sí, y no las ceden. Las han publicado y son conocidas. Éstas expuestas acá son las que el Che fue guardando a lo largo de su vida. -¿Desde el primer viaje, el que hizo en bicicleta con un amigo? -No, ésas no están. Cuando él llega a Guatemala se separa de su amigo, quien queda allí mientras él vuelve a Argentina donde proyecta trabajar como médico. Las fotos de ese primer viaje se supone que están en su casa familiar. Su madre murió. -Él tenía una hermana arquitecta. -Suponemos que van a aparecer. Tengo la esperanza de que las encontremos. Lo que vemos en la muestra es lo que hizo a partir del segundo viaje. -Que él hace solo y en medios de locomoción corriente. -Con las fotos de este segundo viaje empieza la exposición. Podemos ver aquí su preferencia por tomar a campesinos, a indígenas. Mi tesis es que él consiguió conectarse mucho más intensamente con el pueblo a partir de la fotografía. En este viaje escribió un diario y sacó las fotos. El diario nos permite conocer al Che en lo íntimo. Pero su relación, su amor por la gente, los vemos sobre todo a través de la fotografía. Ahí está su sensibilidad captando miradas, actitudes corporales, sonrisas. Yo diría que en este viaje él terminó de forjar su carácter solidario y su respeto por el ser humano. Hay un pasaje en su libro de notas de viaje en que cuenta que se acerca a una chabola (cantegril) donde viven una negra, muy pobre, una niña de 15 años y un niño pequeñito, muy guapo. Todos semidesnudos. Él les pide permiso para sacarles unas fotos y la negra le dice que puede sacarlas si se las da enseguida. Él les explica que hay que revelarlas, que se las traerá más tarde. Le dice que no. Ahí él toma conciencia de que no se pueden sacar fotos sin el permiso de los fotografiados. Esta anécdota muestra al joven Guevara muy responsable de cómo utilizar la fotografía. -Se prohíbe a sí mismo robar imágenes. Si no consigue el permiso no hace las fotos. -Yo soy historiador de la fotografía y la mayoría de los que realizamos esta tarea buscamos en los grandes maestros el compromiso con la sociedad. En el caso del Che Guevara, él, que es un mito del siglo xx, ha demostrado de manera clara y definitiva en su trabajo como fotógrafo su honestidad. -¿Qué edad tenía cuando empezó a involucrarse con este personaje que es el Che? -Unos 18. A esa edad yo me devoraba todo lo que hubiera respecto al Che, ya fuera de él mismo o de otros sobre él. Con el tiempo, ya mayor, empezó a llamarme la atención la manera cómo él llevaba la cámara, siempre colgada al estilo de los fotógrafos profesionales. No colgada del cuello, sino a la derecha. -¿Usted lo considera un buen fotógrafo? Se lo pregunto porque creo que sus fotografías podrían interesar aunque no lo fuera. Podrían interesar los temas. Aunque claro, si no es bueno el tema se trasmite mal. Y esto no pasa con las fotos expuestas. -Era muy bueno. No sólo por la técnica, cosa altamente superada, sino por la gran mirada. Tenía un fuerte conocimiento sobre la historia de la fotografía, y sus composiciones son perfectas. Perfectas en cuanto al equilibrio de los volúmenes y al manejo del claroscuro. Y cuando, como padre, fotografía a sus niños, uno puede ver que allí no hay sólo un padre fotografiando a sus hijos sino que ese padre es un fotógrafo. -Él trabajó en México como fotógrafo callejero. -En México buscó trabajo como médico, y como no lo encontró se puso a trabajar como fotógrafo. Incluso cubrió los Panamericanos del 55 como fotógrafo de prensa profesional. Para este trabajo montó con algunos amigos un laboratorio que le permitió cubrir los juegos de manera más eficaz. -No hemos hablado de cómo usted arribó a esta gran colección de fotografías. -Cuando el Che decide irse a la Sierra Maestra con Fidel regala todas sus cosas, libros, etcétera. Pone en una maleta las fotos que había tomado durante su segundo viaje por América y se la entrega a un amigo de México. Las fotos las recupera cuando terminada la revolución vuelve a México a buscarlas. -¿Las fotos que se exponen en el municipio son las de la maleta más las que tomó a partir de su actividad en Cuba? ¿Quién las tenía? -Su esposa Aleida. -¿Cómo fueron los trámites para obtenerlas? ¿Intervino el gobierno cubano? -Sí. No hubo problemas. Entre las fotos están aquellas que hizo como embajador. -En África, Asia, la India, Hong Kong. -Y también algunas que hizo como ministro de Industrias, y como presidente del Banco de Cuba. -Cargo, este último, que no lo hizo feliz. -Así es. De cualquier manera tuvo que firmar los billetes que imprimió el banco con su cara. -Usted me decía que se fue dando cuenta de lo importante que era para el Che la fotografía a partir de lo que él decía en sus diarios y de las fotos, en las que siempre se lo veía con la cámara colgada del hombro. -Vi eso y empecé a indagar. Sobre todo cuando estuve en Cuba mostrando una exposición sobre la obra de artistas españoles allá, por cuenta del Museo de Arte Moderno de Valencia, donde trabajo. Mientras, preguntaba sobre el Che fotógrafo. "Sí, sí -me decían-, él llevaba cámaras. Tomaba fotos." Pero nadie sabía nada. Finalmente pude conectar con Aleida y le pregunté directamente si el Che era fotógrafo y me dijo que sí. Fui a su casa y allí estuvimos 12 horas hasta que conseguí convencerla de la conveniencia de exponer esas fotos que mostraban la mirada humanista del Che. -¿Por qué se resistía? -Consideraba que esto tenía que ver con una faceta personal del Che. Lo poco que ella conservaba vinculado a su intimidad. -Las cartas a la familia fueron todas, o casi todas, publicadas. -Sí, cartas a sus hijos, cartas de despedida. Pero al material fotográfico no se le daba la importancia que yo le daba e intentaba trasmitir. Él escribió notas de viajes, notas sobre la guerra revolucionaria, pero creo que fue en la fotografía donde mejor se expresó. -¿Recuerda de memoria la cita que pertenece al Diario y usted colocó en una pared de la exposición en el municipio? -Sí, puede colarse algún error, pero el concepto está. Dice que ha leído en algún libro de técnica fotográfica que lo que se trasmite a través de un paisaje es muy difícil de entender si uno no sabe exactamente qué pasó allí. "Si ustedes ven un paisaje nocturno con una luna llena difícilmente podrán comprender lo que yo veía. Miren: si entienden, bien, y si no déjenlo." (Ahí, en este final, le sale la vena radical.) Hay que ponerse en el lugar del otro y personalmente decidir qué quiere uno ver. "Aquí los dejo con lo que yo fui", dice finalmente. Esto estaba al comienzo de su libro de viajes y se refería a fotos y palabras. -Él trataba de explicar lo que le había pasado. Pero cada uno podía ver eso según lo que su sensibilidad le dictara. -Era consciente de lo que trasmitía, pero quien recibía eso, quien lo interpretaba, era el lector, el espectador. Hasta en esto tenía conciencia de la libertad que cada uno debe tener para recibir palabras e imágenes a través de las cuales son posibles muchas cosas. Una de ellas: manipular al otro. -Hay algo que despierta mi curiosidad. Usted tiene 52 años. Tenía 18 cuando leyó el Diario del Che en pleno franquismo. -El libro estaba prohibidísimo. Una editorial clandestina lo había publicado con unas tapas blancas que ocultaban su contenido, y circulaba secretamente. Tener, en aquella época, un libro del Che era ir a la cárcel. Yo guardaba el mío, subrayado, en sitios insospechados. Lo leí e intuí que era fotógrafo a través de cosas que decía y a través de las fotos que encontraba de él en algún diario. -Siempre aparecía con su máquina colgada. -Con frecuencia. En la primera entrevista que les hacen al Che y a Fidel en Sierra Maestra el Che le pregunta al fotógrafo: "¿Qué cámara llevas? ¿Qué carrete gastas? ¿Qué fotómetro usas?". El fotógrafo, sorprendido, le dice: "Pero comandante, ¿cómo me hace esas preguntas si estamos acá para escucharle a usted hablar de la guerra?". "No, no, no -dice el Che-, es que antes de ser comandante fui fotógrafo." La entrevista ha terminado. Mientras salgo a la calle y pienso, como siempre que se sale de una entrevista, en las cosas que ha dicho el entrevistado, me doy cuenta de que no son palabras las que vienen a mi cabeza sino la sonrisa que sobrevoló sin pausa el rostro del entrevistado mientras hablaba del Che. n * En el Atrio Municipal, exposición Fotos y Che, hasta hoy 31.
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